
Raquel y Choche dejan el Casual, ese sacrosanto lugar que albergó con devoción algunos de los episodios más celebrados de GRULARE, y por ende de esta ciudad. Me viene a la memoria la imagen de Gustavo con los pantalones por los tobillos y cubriéndose con una biblia sus partes pudendas, inmerso en un soliloquio aberrante y genial. Gus siempre intentaba, aveces con un cierto éxito, dejar en segundo plano todo aquello que ya venía organizado de antemano y, tal vez por ese motivo o por otros, solía pecar una pizca de rancio, y se arrogaba el mando de los tinglaos con alguna excentricidad (iré contando otras).
Aunque debo recurrir a las fuentes fidedignas (los papeles que guarda Raúl o la prodigiosa memoria del Invex), aquel día se presentaban dos exposiciones, una de poesía visual con piezas de Julián Alonso y María Sánchez, al menos, y otra de Tomás, el de Saldaña, en La Urbana. Además Zaca y su guitarra estuvieron haciendo de las suyas (canciones, me refiero). Vamos, una de esas fiestas mixtas apoteósicas, recordada habitualmente como "la noche de autos" por los gruláricos, aunque de tantas noches de autos tenemos el parque móvil lleno...
Pero Raquel y Choche dejan el bar y con ellos el recuerdo de unas cuantas exposiciones, proyecciones de cortometrajes, fiestas y conciertos, que, por cierto, allí escuché por primera vez a La Cabra Mecánica, sí en directo, en el Casual. Ahora ya no se hacen conciertos en los bares, pero de eso os hablo mañana.